5/07/08

Gloria Swanson-Norma Desmond

5/07/08
Fue una gran diva del cine en los años 20 y a principio de los 30 pero, paradójicamente, su actuación en El crepúsculo de los dioses, en la que interpreta a una gloria olvidada por la industria es, probablemente, la más recordada de su larga carrera.


Gloria Swanson, que nació como Gloria May Josephine Svensson, se convirtió realmente en una de las actrices favoritas del público en las primeras décadas del cine. Fue reclutada con 17 años en Chicago, donde nació el 27 de marzo de 1897, por unos ojeadores que buscaban, literalmente por las calles, nuevas bellezas de unas pantallas, por entonces, ávidas de rostros fotogénicos. Swanson no les decepcionó. Sus rasgos aristocráticos fueron del agrado de un público que estuvo con ella durante casi 20 años, hasta que, como sucedió con tantas otras estrellas del cine mudo (y como tan acertadamente refleja la película de Wilder), las palabras pronunciadas y escuchadas la condenaron a la exclusión forzosa de su oficio, al igual que le sucede a Norma Desmond, aunque no de una manera tan dramática.

Mucho antes de El crepúsculo de los dioses, Swanson había pasado de ser una humilde extra en comedias a convertirse en una estrella sofisticada gracias al trabajo del cineasta Cecil B. De Mille, uno de los más importantes de la primera etapa del cine americano. Fue a partir de 1916, cuando se muda definitivamente a Los Angeles para instalarse en su industria, donde se mantendrá en primera línea hasta bien entrado los años 30. En su época de mayor esplendor, llegaría a ganar la astronómica cifra de 250.000 por película.
Sin embargo, nada es para siempre y menos el favor del público. A mediados de los años 30, los espectadores y los estudios parecieron cansarse de ella y Swanson prácticamente dejó de actuar. La excepción más notable llegó, por supuesto, con El crepúsculo de los dioses, donde la actriz completó una de las actuaciones más formidables nunca vistas en la gran pantalla. Encarna con ironía y un oscuro sentido auto-paródico a esta diva insufriblemente orgullosa y engreída pero con un corazón herido.



En el momento de su estreno Swanson utilizaba su ácido sentido del humor para referirse a este papel que al final, irónicamente, es el que le ha supuesto la inmortalidad artística: «Es sorprendente haber encontrado tanta gente que pensaba que me conocía insistiendo en que El crepúsculo de los dioses es autobiográfica; yo no tengo a nadie flotando en la piscina…».
Desde entonces la actriz apareció sobretodo en televisión, hasta su muerte en Nueva York en 1983, para la eternidad será Norma Desmond.

 
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